Pedro Olalla,
Atenas. 12/11/2011
Si Grecia fuese un país del Tercer Mundo, sus “acreedores”, tirando de
manual, habrían impuesto
ya una
dictadura:
un gobierno
tiránico que restableciese
por la
fuerza
el orden público,
ejecutase
sus
directrices políticas y velase por sus intereses económicos. Pero como una dictadura así no
es compatible
con la
Unión Europea
–al menos
en las formas–, los
“acreedores” han tenido que limitarse a “lo más parecido dentro de las
apariencias democráticas”: un gobierno “de conveniencia”, no constituido a través
de elecciones, que no
representa
la soberanía popular,
y
que,
declaradamente, tiene como única misión aplicar a pies juntillas el plan
diseñado por Merkel, Sarkozy y la Autoridad Bancaria Europea en la Cumbre de Bruselas del pasado 26 de Octubre. Para alcanzar el éxito, el “nuevo gobierno” cuenta con la presidencia de un tecnócrata banquero, Loukas
Papadimos –ex-gobernador del Banco
de Grecia
y
ex-vicepresidente de
Banco Central Europeo–, así como con la supervisión general del cabeza del
“task-force” de la Comisión Europea, el alemán Horst Reichenbach, y sus más de 300 supervisores europeos repartidos por la administración griega
para velar por el riguroso cumplimiento de los objetivos del plan de rescate.
He
aquí el nuevo gobierno.
Como ya se ha visto –y pese a las postreras soflamas de Papandreou sobre
soberanía y patriotismo–, al pueblo se le ha escamoteado en el último
momento su derecho a pronunciarse en referéndum sobre una cuestión tan trascendente como la aceptación o no de este nuevo plan de rescate que le
tocará sufrir y pagar. Entre tanto, para calmar los
ánimos, se vende a la opinión pública mundial la idea de que el generoso acuerdo
alcanzado en
Bruselas supone una quita –incluso una “condonación”– del 50% de la deuda
de
Grecia. Veamos en qué consiste esa falacia.
Si la deuda de Grecia ronda actualmente los 360.000 millones, un espíritu
cándido y
confiado podría pensar que, después del anunciado recorte del
50%, la suma quedaría reducida a 180.000. Nada más lejos de la realidad.
¿Por
qué? Porque de
esa
“participación voluntaria
en el
recorte”
(PSI) quedan excluidos
los bonos
en poder del Banco Central Europeo, los
préstamos de la Troika (FMI, BCE, CE), otros préstamos contratados por la Hacienda griega, las letras del Tesoro, los bonos que vencen después del
2020 y las obligaciones del Estado
con
sus proveedores extranjeros. Es decir,
que
el recorte
se aplica al
valor nominal de
los bonos
que
poseen,
fundamentalmente, bancos, aseguradoras y cajas griegas. De este modo, la
supuesta “condonación” de 180.000 millones de euros quedará, en el mejor
de los casos, en un “recorte” de entre 20 y 25.000 millones, es decir, que,
al
cocer, el 50% se queda entre un 5% y un 7%. Para los que dicen que me invento los datos, aclaro que éstos los facilita en un reciente comunicado el presidente del Banco del Pireo.
Pero esto no
es todo,
porque
la aceptación de
este
“recorte” lleva
aparejado el compromiso de asumir 88.000 millones de nuevos préstamos de
aquí a finales de
febrero. Y no
porque
peligre el
pago
de sueldos
y
pensiones, sino porque peligra
especialmente el cobro de los acreedores.
Atentos a los datos: antes del 15 de
diciembre, tomaremos prestados los
8.000 millones del famoso sexto tramo “para atender los pagos del Estado”,
teniendo en cuenta que de aquí a fin de año hay que abonar intereses por valor de 15.500 millones; en enero, tomaremos otros 30.000 millones para incentivar a los bancos a que cambien sus bonos por los “recortados” de la
operación PSI; después, otros 30.000 para que el gobierno recapitalice a los
bancos mediante la compra de acciones; y finalmente, en febrero de 2012,
20.000 millones más de la primera entrega de un nuevo y prometedor
paquete para afrontar el infinito préstamo, pues en marzo vencen bonos por
valor de 14.500 millones. Con esta operación, los acreedores aseguran y
amplían su negocio y, sobre todo,
consiguen que los nuevos bonos sean
deuda interestatal (EFSF) y no se rijan ya por el derecho griego sino por el
británico u otro más favorable a sus intereses. Por si esto
fuera poco, las agencias de calificación ya han corrido la voz de que el recorte voluntario
del 50% será saludado con la etiqueta de Selective Default (SD). Como ven,
el
“recorte” sale bastante caro, y no sólo en euros, sino también en nuevas medidas de recaudación, en sueldos, en prestaciones, en libertades y en
soberanía.
“Si todo va bien”, dicen nuestros rescatadores, “el plan económico hará
que, en 2020, la deuda de Grecia se sitúe en el 120% del PIB”. Teniendo en cuenta
que,
según el
principio empírico
de Kenneth
Rogoff,
autoridad
mundial en economía, una deuda de más del 90% del PIB no es sostenible, el
futuro por este camino no parece muy halagüeño. Mientras tanto, confiados
en nuestros líderes,
seguimos
alimentando
la economía ficticia de
la especulación con la economía real de la producción, y seguimos tomando
prestado para atender los préstamos, socorrer a los bancos y poner los recursos y las libertades a merced
de
los acreedores.


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