martes, 15 de noviembre de 2011

Adelante con el plan




Pedro Olalla, Atenas. 12/11/2011




 Si Grecia fuese un país del Tercer Mundo, sus “acreedores, tirando de manual,  habrían  impuesto  ya  una  dictadura:  un  gobierno  tiránico  que restableciese  por  la  fuerza  el  orden  público,  ejecutase  sus  directrices políticas y velase por sus    intereses económicos. Pero como una dictadura así no  es  compatible  con  la  Unión  Europea  –al  menos  en  las  formas,  los “acreedores han tenido que limitarse a lo más parecido  dentro de las apariencias democráticas: un gobierno de conveniencia, no constituido a través  de  elecciones,  que  no  representa  la  soberanía  popular,  y  que, declaradamente, tiene como única misión aplicar a pies juntillas el plan diseñado por Merkel, Sarkozy y la Autoridad Bancaria Europea en la Cumbre de Bruselas del pasado 26  de Octubre. Para alcanzar el éxito, el “nuevo gobierno cuenta con la presidencia de  un tecnócrata banquero, Loukas Papadimos  ex-gobernador  del  Banco  de  Grecia  y  ex-vicepresidente  de Banco Central Europeo, así como con la supervisión general del cabeza del task-force de la Comisión Europea, el alemán Horst Reichenbach, y sus más  de 300 supervisores europeos repartidos por la administración griega para velar por el riguroso cumplimiento de los objetivos del plan de rescate. He aquí el nuevo gobierno.

Como ya se ha visto y pese a las postreras soflamas de Papandreou sobre soberanía y  patriotismo, al pueblse le  ha escamoteado en el último momento su derecho a pronunciarse en referéndum sobre una cuestión tan trascendente como la aceptación o no de este nuevo plan de rescate que le tocará sufrir y pagar. Entre tanto, para calmar los  ánimos, se vende a la opinión pública mundial la idea de que el generoso acuerdo  alcanzado en Bruselas supone una quita incluso una condonación” del 50% de la deuda de Grecia. Veamos en qué consiste esa falacia.

Si la deuda de Grecia ronda actualmente los 360.000 millones, un espíritu cándido y  confiado podría pensar que, desps del anunciado recorte del
50%, la suma quedaría reducida a 180.000. Nada más lejos de la realidad.
¿Por  qué?  Porque  de  esa  participación  voluntaria  en  el  recorte (PSI) quedan  excluidos  los  bonos  en  poder  del  Banco  Central  Europeo,  los préstamos de la Troika (FMI, BCE, CE), otros préstamos contratados por la Hacienda griega, las letras del  Tesoro, los bonos que vencen desps del
2020 y las obligaciones del Estado con sus proveedores extranjeros. Es decir, que  el  recorte  se  aplica  al  valor  nominal  de  los  bonos  que  poseen, fundamentalmente, bancos, aseguradoras y cajas griegas. De este modo, la supuesta condonación de 180.000 millones de euros quedará, en el mejor


de los casos, en un recorte de entre 20 y 25.000 millones, es decir, que, al cocer, el 50% se queda entre un 5% y un 7%. Para los que dicen que me invento los datos, aclaro que éstos los facilita en un reciente comunicado el presidente del Banco del Pireo.

Pero  esto  no  es  todo,  porque  la  aceptación  de  este  recorte lleva aparejado el compromiso de asumir 88.000 millones de nuevos préstamos de aquí  a  finales  de  febrero.  Y  no  porque  peligre  el  pago  de  sueldos  y pensiones, sino porque peligra  especialmente el cobro de los acreedores. Atentos a los datos: antes del 15 de  diciembre, tomaremos prestados los
8.000 millones del famoso sexto tramo para atender los pagos del Estado, teniendo en cuenta que de aquí a fin de año hay que abonar intereses por valor de 15.500 millones; en enero, tomaremos otros 30.000 millones para incentivar a los bancos a que cambien sus bonos por los recortados de la operación PSI; después, otros 30.000 para que el gobierno recapitalice a los bancos mediante la compra de acciones; y finalmente, en febrero de 2012,
20.000 millones más de la primera entrega de un nuevo y  prometedor paquete para afrontar el infinito préstamo, pues en marzo vencen bonos por valor de 14.500 millones.  Con esta operación, los acreedores aseguran y amplían su negocio y, sobre todo,  consiguen que los nuevos bonos sean deuda interestatal (EFSF) y no se rijan ya por el derecho griego sino por el británico u otro más favorable a sus intereses. Por si esto  fuera poco, las agencias de calificación ya han corrido la voz de que el recorte voluntario del 50% será saludado con la etiqueta de Selective Default (SD). Como ven, el recorte sale bastante caro, y no sólo en euros, sino tambn en nuevas medidas de  recaudación, en sueldos, en prestaciones, en libertades y en soberanía.

Si todo va bien”, dicen nuestros rescatadores, “el plan económico hará que, en 2020, la deuda de Grecia se sitúe en el 120% del PIB”. Teniendo en cuenta  que,  según  el  principio  empírico  de  Kenneth  Rogoff,  autoridad mundial en economía, una deuda de más del 90% del PIB no es sostenible, el futuro por este camino no parece muy halagüeño. Mientras tanto, confiados en  nuestros  líderes,  seguimos  alimentando  la  economía  ficticia  de  la especulación con la economía real de la producción, y seguimos tomando prestado para atender los préstamos, socorrer a los bancos y poner los recursos y las libertades a merced de los acreedores.



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